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Presentación de la Nueva Ortografía de la Lengua Española

noviembre 8, 2011
La poeta Delia Domínguez en el evento

La poeta Delia Domínguez durante la presentación

Ya se habla acerca de los cambios que trae la nueva Ortografía de la Lengua Española. Por ejemplo, que solo se escribirá siempre sin tilde y se elimina la opción del acento en el caso de los monosílabos ortográficos, como guion, Sion o truhan; o que la o ya no llevará tilde cuando se encuentre entre números, y que la ch y la ll, no serán parte del alfabeto porque se trata de una combinación de letras. De eso se habló durante el lanzamiento del libro Ortografía de la Lengua Española, que tuvo lugar este 3 de octubre de 2011 en la sede del Instituto de Chile, y también de cuál fue el sentido de dichos cambios y de cómo la ortografía se cruza con la vida real, esa que está fuera del manual de reglas.

Por Alida Mayne-Nicholls

La presencia del coordinador del texto, Salvador Gutiérrez Ordóñez, fue esencial para comprender el sentido las modificaciones que trae esta nueva versión.

El experto manifestó que hubo dos principios que rigieron el trabajo: el panhispanismoy la cientificidad. El primero, explica que estas nueva reglas no fueron una norma emanada desde la Academia en España, sino elaborada y revisada en las distintas sedes americanas. De hecho, Gutiérrez citó a Alfredo Matus – director de la Academia Chilena de la Lengua-, como promotor de estos cambios, al señalar en un congreso anterior, que ” es este código es el que permite la unidad de la lengua en Iberoamérica”.

Lo que se ha buscado es, no cambiar las formas de pronunciar locales, sino de tratar de aunarlas en torno a una misma ortografía. Ese es el caso de la eliminación del tilde en los monosílabos. Por ejemplo la palabra guion, en algunas zonas se pronuncia como hiato y en otras como diptongo, siendo ese el criterio que se había usado para acentuarla o no. La nueva Ortografía considera que se trata de palabras monosílabas a efectos ortográficos, por lo cual se escribirán siempre sin tilde, sin importar cuál sea la pronunciación local.

En cuanto al criterio de cientificidad se buscó que los cambios fueran razonados, coherentes y que la investigación fuera exhaustiva, de manera de tener una base de datos lo suficientemente amplia y organizada. Gutiérrez Ordóñez planteó que la Nueva Ortografía es una “propuesta de futuro que triunfará o no triunfará”. Es decir, no es un proceso cerrado, sino uno que sigue moviéndose, tal como la lengua lo hace.

En la presentación también participó la poeta chilena Delia Domínguez, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, quien intervino con unas palabras que le dieron el cariz poético y creativo al lanzamiento.

La autora llevaba un manuscrito en el cual propuso el concepto de Ortografía Emocionante, aquella que está ligada a la tierra, al vivir cotidiano y que han rescatado poetas como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Juvencio Valle, Gonzalo Rojas y Jorge Teillier: “Todos llevaban la tierra en el ombligo, las raíces del bosque y los mitos del lenguaje popular sin abandonar la ortografía como madre”, dijo.

Para ejemplificar la poeta contó un recuerdo de la niñez: “A propósito recuerdo un sucedido, que seguramente no es palabra aceptada. Cuando Pablo [Neruda] iba al lago Rupanco a ver y sentir el tiempo de la brama de los ciervos (…) le daba por comer huevos azules de gallina castellana. Entonces íbamos donde doña Encarnación, la dueña del gallinero, y ella lo hacía elegir con el bastón y muy de pie. Por supuesto, la que andaba gateando en la paja era yo. Hasta que un día él quiso hacerlo y esperó que se doblara un poco para no caerse, porque ya estaba débil de las piernas. Nunca olvidaré el grito de doña Encarnación: ´Don Pablito, no se agache porque se le puede ofender el cerebro de atrás’. Cuento esa anécdota propia del lenguaje campesino de dónde yo vengo, y que usa una ortografía emocionante, porque su escritura es retrato fiel de las palabras”.

*Esta nota fue publicada originalmente en la revista virtual Letra Digital de la Facultad de Letras UC.

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Material mente diario y la ciudad como poesía: origen, tránsito y destino

marzo 25, 2011

En el poemario de Alejandra del Río, la ciudad aparece en varios niveles, y muchas veces aparece ligada a la palabra, de tal manera, que se convierte en una reflexión acerca del oficio de escribir, y que es oficio por cuanto sería material y cotidianamente necesario. En el caso de los poemas, necesario porque sólo a través de la palabra –especialmente escrita- se puede sanar.

ALEJANDRA DEL RÍO

Material mente diario 1998-2008

Santiago: Cuarto Propio, 2009

 

POR ALIDA MAYNE-NICHOLLS VERDI

Alejandra del Río

La poeta Alejandra del Río

Material mente diario inicia con un poema titulado “Fábula”, que nos introduce en la reflexión metapoética de la autora Alejandra del Río, porque lo que cantan sus versos es la “ciudad de la poesía”. Esta ciudad se puede visitar, extrañar, pasear por ella, vivir “un buen tiempo”, resistir y procrear en ella. Y también morir en ella, aunque para eso hay que haber nacido en la ciudad de la poesía. Con la lectura del poemario, una se da cuenta de que la ciudad es origen –se viene de ella-, es lugar de tránsito –por lo cual toma distintas apariencias- y es destino.

Lorena Amaro (2009) sostiene que esas ciudades por las que Del Río transita son lejanas –y reales- y también simbólicas [1]. De hecho, son a la vez reales y simbólicas, porque cuando nos presenta “El cielo de Berlín”, nos está llevando en viaje hacia esa misma ciudad de la poesía que además de todo, la (nos) espera. Algunas espacios son sólo simbólicos, como cuando llega a Sión, y otras son demasiado reales, como el Santiago de 1980, que se convierte en “ciudad sitiada por el ojo carnicero” (64).

Para comprender esa “ciudad de la poesía” busco darle un nombre, y pienso en Shiraz, no en la actual ciudad iraní, sino en la urbe persa medieval. Si se busca sobre Shiraz, aparecerá ligada a la rosas, al vino y a los poetas, en particular a Hafez, quien escribió sus versos en el siglo XIV. El lugar común hace pensar en el Medio Oriente como exótico y misterioso, y a esa ciudad de la poesía como un sitio único y especial, como si para ser poeta hubiera que vivir en una especie de paraíso terrenal. En su libro Shiraz in the age of Hafez, John Limbert [2] plantea que la época en que Hafez escribió “violence and murderous anarchy prevaile[d] in the streets of Shiraz” [3] (ix). A pesar de eso, Hafez pudo ser poeta.

Vinculo esa situación a la de Material mente diario. Es hacia el final del poemario, que la hablante nos sitúa en el recuerdo de la niñez, en el Santiago de 1980 que mencionaba antes. El sujeto poético retoma su máscara de niña para poder reconstituir la perspectiva desde la cual lee el contexto social y familiar en que está inserta:

Tengo ocho años
Vivo en una ciudad sitiada por el ojo carnicero
Mi vida transcurre tras los armarios de Ana Frank
Y cuando salgo a la escuela
Noto miradas esquivas
Biografías sospechosas
La evidente labor de los demonios (64).

La ciudad de la infancia es terrible y ha acabado con la idea de una infancia inocente, a tal extremo, que incluso los juegos infantiles se han teñido de crudeza:

Nunca jugamos a ser madres
sólo en historias de terror

Abandonaban niños en la puerta de la casa
vivos y muertos
debíamos enterrarlos
formar un sindicato de huérfanos
implantar su reino de justicia (61).

Y, sin embargo, como Shiraz, ha logrado que poetas nazcan y escriban en ella. Cristián Gómez sostiene que son “los recorridos de la hablante los que la definen” (2010). Entonces tal vez no es “a pesar de” que se transforman en poetas, sino “por eso” que lo hacen. La razón podría ser que, junto a esas ciudades reales, en las que se vive y experimenta, en forma simultánea, existe esa “ciudad de la poesía”, de hecho, para Gómez en el poemario existe una “reivindicación de un arte que se entiende como destino”:

Una ciudad me espera
una ciudad en lo alto
allá no llegan las luces del cemento
allá no alcanza el humo de la vergüenza (53).

La ciudad es la poesía y el tránsito es también escribir. Vuelvo a la idea de lo material, a que escribir es oficio, un ejercicio, y no sólo arte. Del Río deja claras marcas de la materialidad del escribir y del compromiso del cuerpo –no sólo de la mente- que implica. Así en la primera parte del poemario, titulada “La mesa” –mesa en la que se escribe, por cierto- sitúa en el origen la hoja en blanco que “me quiebra” (20) y acentúa la necesidad/obligatoriedad de escribir: “la mano con que escribo encadenada a la tablilla” (15).

Del Río también lo materializa en sus imágenes, al convertir a la poesía en ciudad y a la palabra en río, que es anterior a toda construcción poética [4]. El sujeto que llega al río tiene una piel “erguida de astillas”, pero “cuando pongo los pies en él / la piel se me reconstituye / se hace curvatura lo que urgía con espinas” (54). La palabra se convierte en sanadora, y el medio para sanar es escribir, tomar ese río de palabras y convertirlos en palabras poéticas, como parte de una actividad que involucra lo material, la mente, y la acción diaria, cotidiana. Así cobra sentido que el poema en que recuerda cómo jugaba a ser madre de niños muertos y abandonados en la dictadura chilena, lleve por nombre “Resiliencia”. De hecho, si salimos de lo textual, y nos centramos en la vida de Alejandra del Río, podemos encontrar que ella ha desarrollado la escritura como terapia, lo que ha trabajado con jóvenes en Alemania. El planteamiento parece ser que para sanar –para que opere la resiliencia- no se deben dejar las experiencias –por terribles que sean- en el olvido, sino traerlas, escribirlas, volverlas –en su caso- en palabra poética. Al respecto el texto es explícito: “el olvido no existe” (70).

En el poema “Simultánea y remota (Santiago de Chile, año 1980)”, los últimos dos versos dicen: “Tengo ocho años y si cumplo cien / seguiré teniendo ocho años” (66). La experiencia de la infancia sigue siendo parte de la identidad del sujeto, incluso cuando cumpla los cien años. El poemario está organizado en forma material en cuatro partes: Primero “La mesa”, luego “La mano” que escribe, después “Los pies” que son los que transitan y finalmente “La ventana”, en que vemos que el camino continúa, no se detiene, sino que va encontrando –a medida que sigue- ventanas de expresión. Para seguir escribiendo, hay que seguir viviendo y experimentando: “Deseo seguir viajando en este tren / sujeta a mi diario / aferrada a las líneas regulares de la siembra” (70). Material mente diario ha sido una bitácora del viaje transcurrido hasta el momento, lo que transforma la lectura metapoética, en una reflexión muy personal, no es simplemente una pregunta por la poesía, sino por cómo “yo” hago poesía. Por eso la relación con la poesía no es siempre igual, como vimos al comienzo en “Fábula”: a la poesía se la visita, se la extraña, se pasea por ella, se nace y se muere en ella. Y como es ejercicio, y es material, la respuesta de cómo el sujeto del poemario hace poesía, se encuentra explícita en los últimos versos de “Expreso de mediodía”, el poema que cierra el libro: “la mano completa lo desproporcionado” (Ibíd).

REFERENCIAS

Amaro, Lorena. “La enfermedad del regreso material”. Blog La calle Passy 061, http://lacallepassy061.blogspot.com/2009/09/la-enfermedad-del-regreso-material.html, 2009. (Consultado el 27 de diciembre de 2010).

Del Río, Alejandra. Material mente diario 1998-2008. Santiago: Editorial Cuarto propio, 2009.

Gómez, Cristián. Sitio web Letras.s5.com, http://letras.s5.com/cgo040310.html, 2010. (Consultado el 4 de enero de 2011)

Limbert, John. Shiraz in the age of Hafez. United States: University of Washington Press, 2004.

NOTAS

[1] Cito el artículo de la académica Lorena Amaro titulado “La enfermedad del regreso material”, que tiene sólo una publicación electrónica.

[2] Limbert es doctorado en Historia y Estudios del Medio Oriente, y ha desarrollado una carrera diplomática en Estados Unidos, incluyendo labores en Irán.

[3] Traduzco como “la violencia y la anarquía asesina prevalecían en las calles de Shiraz”.

[4] Cristián Gómez plantea al respecto que “la poesía se considera no como parte de la literatura, sino como algo que necesariamente la antecede. El poema sería previo, en consecuencia, a cualquier actividad poética” (2010).

*Este mini ensayo fue publicado originalmente en la revista virtual Dominios perdidos de los estudiantes de posgrado de la Facultad de Letras UC.

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Necesidad de una genealogía

abril 5, 2010

MARGO GLANTZ

Las genealogías

México: Editorial Alfaguara, 1997

 

Por Alida Mayne-Nicholls

 

Margo Glantz

La escritora Margo Glantz

“Yo desciendo del Génesis, no por soberbia sino por necesidad” (17), escribe la autora mexicana Margo Glantz al comienzo de Las genealogías, una autobiografía destinada a recomponer a través de la escritura la historia familiar. La palabra necesidad parece la clave y en ese sentido cabe preguntarnos por qué la escritora siente la necesidad de armar su árbol genealógico en plena madurez. Ella misma responde a esa interrogante en su prólogo: “Y todo es mío y no lo es y parezco judía y no lo parezco y por eso escribo –éstas- mis genealogías” (21).

En la lectura de este libro puede no ser necesario conocer la obra de esta autora e investigadora literaria, pero sí es preciso abrirse a algunos de sus datos geográficos y reconocer en ella a una judía mexicana, hija de padres judíos rusos, que abandonaron su país para tener un mejor futuro en una tierra diferente. Cuando ella habla de que en su casa tiene tanto un candelabro de nueve velas como las imágenes de santos católicos, está graficando que su base es compleja y, por tal motivo, necesita emprender un viaje que le dé sentido a su existencia, y eso lo hace desde la perspectiva que da la madurez.

Las genealogías se inscribe en el ámbito de los géneros referenciales, podemos reconocer una escritura autobiográfica. Glantz escribe en primera persona acerca de su vida y la de su familia, a partir de las conversaciones con sus padres, que emigraron jóvenes desde Rusia a México. Un texto, por autobiográfico que sea, representa un campo ambiguo, puesto que su material es la vida real, acontecimientos que existieron, pero su construcción convierte esa vida en una narración que podríamos considerar ficcional. De esta manera, sus padres, ella misma, personas que habitan o habitaron el mundo, se convierten en personajes de esa narración que se conforma en el papel.

El relato se nos presenta en fragmentos relativamente breves, de dos o tres páginas, y que carecen de título o epígrafe que guíen al lector. El texto no sigue un orden cronológico ni lineal. Por el contrario, el carácter fragmentario hace que saltemos de un tema a otro sin relación, en capítulos contiguos, o bien que la narración retroceda en el tiempo, o insista en temas tratados anteriormente. Es así como hacia la mitad del relato nos habla de la muerte de su padre –“Mi padre murió una madrugada del 2 de enero de 1982” (92)-, sólo para volver a traerlo a la vida –como personaje- en las escenas de conversaciones que aparecen posteriormente en el libro.

Algunos estudios sostienen que la escritura femenina tiende a ser discontinua y fragmentaria. Ciertamente esto no se trata de una característica sine qua non que determine cómo deber ser la escritura realizada por mujeres. Pero sí es interesante lo que plantean autoras como Domna Stanton, en el sentido de que si una mujer opta por una estructura fragmentaria, es porque se ajusta a la condición de sujeto escindido.

Es un sujeto escindido por cuanto no puede ofrecer una imagen completa de sí misma. Volvamos a las palabras iniciales de Margo Glantz: “parezco judía y no lo parezco”. Me parece relevante para adentrarnos en la lectura de Las genealogías, el tener presente el género femenino de la autora, por cuanto podemos considerar su trabajo autobiográfico como un esfuerzo en la búsqueda de la voz propia, de constituirse como sujeto más allá de las convenciones.

Tomar la perspectiva de género no es casual, Glantz da pie para esto en la edición de 1997 del libro, que incluye una suerte de epílogo titulado “La (su) nave de los inmigrantes”, en que la memoria familiar se ha convertido, de pronto, en la memoria materna. Es Lucy Glantz la que da sentido a la herencia de Margo y la escritora valida esto al intercalar las palabras de su madre, intuitivas y emocionales, con las suyas, de carácter más estructurado. La pregunta por el quién soy, tiene, al menos, una respuesta:

“Una transmutación se ha producido: la separación forzosa que en Rusia se establece, esa división entre cristianos rusos y judíos rusos […] desaparece al tocar tierra mexicana. Aquí judíos rusos y rusos cristianos, rusos socialistas y rusos blancos se sienten unidos por el idioma, las costumbres, la comida del país que han tenido que abandonar” (236).  

El sello femenino se presenta incluso en las últimas líneas de este epílogo, que siguen concentradas en la figura materna, a la que se refiere como “ese cuerpo que me permitió ser lo que soy” (240). Para comprender quién es ella, resulta necesario volver a la matriz y esa matriz es su madre, a la que llora y admira y a quien “escribo estas precarias palabras totalmente insuficientes para recordarla y para ponerle punto final, ahora sí, a mis genealogías” (Ibíd).

Nos volvemos a conectar entonces con la herencia hebrea de la autora, puesto que si está volviendo a la matriz, si es al hablar de su madre que puede poner fin a su genealogía, es porque es la madre quien transmite dicha herencia. Es judía porque su madre es judía, pero de una nueva manera que fue posible gracias al renacimiento –o transmutación en palabras de la escritora-, que las comunidades rusas cristianas y judías viven en México. “El idioma, las costumbres, el territorio, el clima liman las diferencias [entre los grupos], unifican, integran a una misma y reciente tradición” (237).

Esto me lleva a una nueva interrogante: ¿Por qué la búsqueda de la genealogía no se completa en la oralidad de las conversaciones, sino en el espacio textual? Es necesario escribir dicha travesía, primero en el formato de columnas que aparecieron en el periódico mexicano Unomásuno, y luego –después de un proceso de edición- en el libro Las genealogías. ¿Por qué? Podemos encontrar una razón en que la mujer construye su identidad en el ya citado espacio textual. Margo Glantz busca su propia voz –como mujer, no sólo como autora- a través del relato autobiográfico.

Llama la atención el hecho de que el libro no se llama “mi genealogía” o “la genealogía”, sino que Glantz opta por el plural, tal vez haciéndose eco de que la identidad femenina –su identidad femenina- no es un estereotipo, sino una construcción compleja, realizada a partir de una pluralidad de voces, tanto la de la madre como la del padre, aunque ella esté dándole prioridad a la materna.

Al respecto, Glantz escribe: “Vivir con alguien es, probablemente, perder algo de la propia identidad. Vivir contagia: mi padre corrige la infancia de mi madre y ella oye con impaciencia ciertas versiones de la infancia de mi padre” (119). Hay algo contradictorio en los conceptos de perder y contagiar, bien podría pensarse que el contagio en el texto habla de sumar algo. Sí existe el reconocimiento de que la identidad no se forma en un ambiente aislado o neutro, sino en relación con los demás. Así, reconocemos que el sujeto que se forma en la narración, lo hace en diálogo con los otros: el padre, la madre, las hermanas presentes en sus recuerdos, el tío Volodia, los parientes en Estados Unidos, los que permanecieron en Rusia, etc.

Al responder a una multiplicidad de voces, no sorprende la elección de una estructura fragmentaria. Especialmente porque los recuerdos se articulan de forma orgánica, según las necesidades de la narradora/autora, que nos vuelve a contar su historia. Ella está conciente de que acudir a la memoria –la de ella y los suyos- es un tema complejo, por cuanto los recuerdos nunca son la vida misma ni se presentan de la misma forma. Asimismo, de todos los recuerdos, debe elegirse aquellos que tienen sentido en el relato principal: la conformación de las genealogías de Margo Glantz. De tal manera, es comprensible que muchas historias queden fuera, porque no son parte de la búsqueda del origen o porque su conexión aparece dudosa o redundante. “[…] surgen mil historias que ya no caben en estas páginas, porque mis dedos se cansan” (229-230) escribe Glantz, haciendo explícita la reflexión acerca de la memoria, en medio de la narración autobiográfica que ella ha ido elaborando fragmento tras fragmento.

No cabe duda que hay una elaboración, lo que leemos no es la vida misma de los Glantz, sino la construcción que la autora ha hecho a partir de esos relatos extratextuales. Ella misma lo manifiesta: “la duda permanece porque los datos varían cada vez que se le da cuerda al recuerdo” (26).

La estructura digresiva y discontinua permite una lectura fluida, en la que la narradora maneja el ritmo del relato alternando distintos rasgos. Así se mueve desde el relato emotivo y dramático, como el recuerdo de los pogroms, en los que la única manera de sobrevivir era esconderse sin mirar atrás; hasta otros más jocosos, como los pasajes en que el padre de Margo insiste en el buen humor de sus antepasados, utilizando siempre como ejemplo la anécdota en que el bisabuelo “aconsejó a los miembros de la aldea que pidieran tierra hacia lo hondo y no hacia lo ancho” (25-26).

Las anécdotas y recuerdos que en una primera instancia podrían parecer como partes sueltas, constituyen un todo que permite que como lectores terminemos –o comencemos- a configurar ese mundo del que provenían, la comunidad judía que vive en Rusia, el viaje a América, cómo se adopta un nueva vida en México, etc. Asimismo, presenta un interesante panorama de la actividad cultural e intelectual en la primera mitad del siglo XX mexicano, provisto por los relatos del padre de Margo, tanto los relativos a los muralistas, como a los poetas y escritores con los que convivió.

Margo Glantz no se preocupa de hacer historia oficial, no llena de fechas ni de hitos su relato, pero a través de su petite histoire, su historia mínima por cuanto corresponde a la originalidad de ser la vivencia de su familia y no de otra, permite que nos formemos una idea de lo que significó para otras familias judías el trasladarse a una parte desconocida del mundo a recomenzar. Hay una cierta explicitación de esto en el mismo texto, cuando Margo viaja a Rusia “para convertirme en la primera persona de la familia (mexicana) en rehacer el trayecto” que hicieron sus padres. Allí ella conoce a un profesor universitario que también vivió en México, que también llegó a tierras americanas a bordo del barco holandés Spaardam. Entonces la historia pequeña de los Glantz se convierte en la de la comunidad judía que llegó a comenzar una nueva vida a México, un poco por casualidad, pero que fue capaz de adoptar ese nuevo lugar en el propio, es decir, reterritorializarse: “El paso siguiente es la nave, el paréntesis perfecto entre los dos mundos, el lugar ideal para las metamorfosis que en México se producen plenamente; por ejemplo, aquí nacimos nosotras, mis hermanas y yo” (240).

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Alicia y el país de las maravillas

abril 5, 2010

Una vez más el cine echa mano a la literatura para salir adelante. Yo he visto varias cintas basadas en Alicia en el país de las maravillas y ninguna me ha llegado como el libro de Lewis Carroll, con su ironía y sinsentido, un placer de leer e imaginar, aunque no siempre de ver.

Alicia en el país de las maravillas

Ilustración de Alicia en el país de las maravillas

Siempre me he preguntado por ese afán de llevar a imágenes Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Los resultados son dispares, aunque en general se trata de películas que terminan mareando, exagerando, ridiculizando o simplificando, el texto de Lewis Carroll.

Sé que hay muchísimos fanáticos de Tim Burton, pero si hay una cinta que no tengo intenciones de ver es la recién estrenada versión que hizo del clásico de Alicia, simplemente porque con tan solo ver la sinopsis, la puesta en escena me habla de cualquier cosa menos del libro de Carroll.

¿Por qué? Por un lado, no comparto la idea de esa Alicia mayor que regresa al país fantástico, porque me parece que los conceptos de la niñez y de la inocencia son básicos en la lectura de este libro, recordemos que el personaje tiene nueve años. Por algo cuando Alicia ve por primera vez al Conejo Blanco, no le llama la atención que un animal esté hablando, sino el hecho de que esté atrasado.

Por otro lado, la estética recargada, exagerada, muy propia de Burton, pareciera chocar con la estética victoriana que ya es connatural a Alicia.

Es cierto que los textos de Carroll se mueven en el campo del sinsentido, pero –como sucede con otras muestras de ficción fantástica victoriana-, el mundo irreal se rige por una lógica, tiene reglas internas en las que se basa, aunque estas sean distintas a la del mundo de Alicia.

Para algunos estudiosos en el caso de El país de las maravillas, la regla que encontramos es la del tamaño. Constantemente nos encontramos con problemas relativos al tamaño que vuelven loca a Alicia. En un pasaje del libro es tan pequeña que no puede tomar la llave que necesita para abrir la puerta que la llevará al jardín. Cuando es lo suficientemente grande para alcanzar la llave, la puerta es demasiado pequeña para que la atraviese.

En el caso de A través del espejo, la referencia parece obvia, el mundo sigue las reglas del ajedrez, cuyas piezas se convierten en los personajes del libro. Parte de los problemas con los que se encuentra Alicia, los provoca su propia tozudez, el afán de imponer su lógica a los sucesos del país de las maravillas. Bien podemos preguntarnos si Carroll no está siendo sarcástico con respecto a las costumbres y juicios de su época.

Leí por primera vez Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo cuando estaba en el colegio. Me fascinaban las historias y los personajes, en particular la idea del feliz no cumpleaños y el Conejo Blanco que iba atrasado. Mi impresión es que la historia es tan “maravillosa” –en el sentido de que nos introduce en una fantasía completa-, que no es necesario adornarla con más elementos que terminan escondiendo la creación de Carroll.

Pero, como sucede con otras historias clásicas como Peter Pan, nos encontramos ante la situación muy probable de que el original nunca ha sido leído, sino que nos remitimos a las creaciones audiovisuales que en el mundo de hoy parecen ser la fuente primaria.

Yo también vi el Peter Pan de Disney y me encantaba que los personajes volaran y que los niños perdidos fueran tan tiernos, aunque no entendía por qué Campanita traicionaba a Peter con tanta soltura. Cuando leí el libro comprendí eso y más, como que el Capitán Garfio es un personaje trágico y complejo, y no un pirata ridículo.

Volviendo a Alicia, son el sentido del humor, el mundo al revés, los personajes que parecen estar al borde de la locura, entre otros aspectos, los que me fascinan del libro. Ojalá la película haga resurgir el interés en esta lectura original.

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Hernán Rivera Letelier recibe el Premio Alfaguara de Novela

marzo 23, 2010

El arte de la resurrección es el título del libro, en el cual el escritor chileno presenta una historia que gira en torno a la figura del Cristo de Elqui, el predicador que cree ser una nueva encarnación de Jesús y que recorría Chile en la década del 30.

Hernán Rivera Letelier

El escritor Hernán Rivera Letelier

Fueron más de 500 los textos que se presentaron en el concurso Premio Alfaguara de Novela, que le fue adjudicado al escritor Hernán Rivera Letelier. Su libro, titulado El arte de la resurrección, gira en torno a Domingo Zárate Vega, un personaje de la vida real, que Rivera toma para construir un relato que es parte crónica histórica, crítica social y ficción ligada al realismo mágico.

Zárate Vega fue un predicador que recorrió Chile a partir de la década de 1930. Se lo conoce más por su seudónimo, El Cristo del Elqui, el mismo personaje que inspiró el poemario de 1977 de Nicanor Parra, Sermones y prédicas del Cristo del Elqui.

Zárate creía ser una nueva encarnación de Jesucristo y ya había aparecido brevemente en algunas novelas anteriores de Rivera Letelier, como las más conocidas La reina Isabel cantaba rancheras y Los trenes se van al purgatorio.

En la novela premiada, que transcurre en 1942, el predicador se entera de la existencia de una prostituta llamada Magdalena Mercado, que es devota de la Virgen María. Zárate busca que Magdalena lo acompañe en su misión: la proclamación del fin del mundo.

El jurado que fue compuesto por Manuel Vicent, Soledad Puértolas, Gerardo Herrero, Juan Miguel Salvador, Juan Gabriel Vásquez y Juan González, destacó “la fuerza narrativa” de la novela y la creación que ésta presenta de “una geografía personal a través del humor, el surrealismo y la tragedia”.

Rivera Letelier recibirá un premio que consiste en 175 mil dólares y una escultura de Martín Chirino. Otros ganadores del Alfaguara han sido Elena Poniatowska, Tomás Eloy Martínez, Laura Restrepo y Santiago Roncagliolo.

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Organizan trueque de libros por alimentos no perecibles

marzo 12, 2010

La Feria Solidaria del Libro se realizará este sábado 13 de marzo en el Parque de la Villa Frei, ubicado en Irarrázaval con Ramón Cruz. Se podrán intercambiar libros nuevos y usados por legumbres y artículos de aseo para ayudar a damnificados por el terremoto del 27 de febrero.

Los amantes de la literatura pueden ayudar a la gente damnificada de Constitución a través de la iniciativa Feria Solidaria del Libro que tendrá lugar el sábado 13 de marzo a partir de las 10 am en el Parque de la Villa Frei, que está ubicado en Irarrázaval con Ramón Cruz.

El objetivo es juntar alimentos no perecibles y artículos de aseo, los cuales se podrán intercambiar por libros, tanto nuevos como usados, en el marco de una actividad que incluirá también la realización de recitales poéticos y presentaciones musicales.

Los organizadores llaman a editoriales, docentes y escritores a que donen libros para estos intercambios, para los cuales se ha ideado un criterio estándar. Así se cambiará un libro nuevo por tres kilos de legumbres o un set de artículos de aseo, el cual deberá estar conformado por dos pastas de dientes, dos jabones, un cepillo y dos litros de cloro; y un libro usado por un kilo de legumbres.

Si se quiere colaborar con libros, se pueden llevar a la feria el mismo día. Otras acciones que se llevarán a cabo son operativos para evaluar daños en la Villa Frei, asesorías jurídicas a quienes se hayan visto afectados por el terremoto y actividades destinadas a los niños.

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Pasión por las cartas (especialmente las de amor)

marzo 11, 2010

Los escritores no llaman la atención solo por las novelas, cuentos o versos. La escritura que han realizado en términos personales y no profesionales, como sus diarios de vida o sus epístolas, también genera interés, tanto para sus biógrafos y estudiosos, como para el público que lo lee por placer. Recientemente tenemos los casos de dos autores chilenos, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

Niña errante

Portada del libro Niña errante

Los libros que muestran la correspondencia entre escritores e intelectuales ya no son una excepción, hay bastantes, aunque este no sea el caso de la tradición chilena. Podemos encontrar intercambio de opiniones profesionales y también declaraciones de amor y desamor.

Si se trata de las cartas amorosas, podemos mencionar las que escribió Juan Rulfo a su esposa Clara Aparicio, la que intercambiaron Adolfo Bioy Casares y Elena Garro –él casado con Silvina Ocampo y ella con Octavio Paz-, o las que el poeta galés Dylan Thomas envió a su esposa Caitlin.

El año recién pasado causó debate la aparición de Niña errante: cartas a Doris Dana. Aunque la discusión en general se limitó a establecer si la poeta era o no lesbiana, lo cierto es que la correspondencia puede trascender el estudio del dato biográfico puro, y podemos leerlo por el placer de la pluma del autor o estudiarlo desde el punto de vista estético.

Leonidas Morales ya había realizado una propuesta al respecto a partir de otro libro epistolario: Cartas de amor de Gabriela Mistral, en el cual aparecen sus mensajes al poeta chileno Manuel Magallanes Moure.

Hoy en día se conoce como géneros referenciales a aquellos como las cartas, la autobiografía, las memorias o diarios íntimos, en los cuales hay referentes extratextuales. Con anterioridad, se consideraba que estas manifestaciones no eran literatura, puesto que no eran ficción, pero estudios más bien nuevos desestiman la importancia del concepto de ficción para considerar un escrito como literatura.

Cuando se leen las cartas de Gabriela Mistral es difícil no hacerlo desde el placer de su lectura, tal vez por la intensidad que demuestra en sus escritos, o porque no deja de ser la Mistral solo por el hecho de que estaba escribiendo algo privado.

En términos de muestra, en una carta de 1949, Mistral escribía: “Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti”. No deja de llamar la atención el que rechace la singularidad de su género y use “necio” en vez de “necia”. Aunque sería aventurado realizar un análisis de todas las cartas a partir de ese único ejemplo, sí podría estimarse que Mistral realiza una construcción de su sujeto a través de la escritura, y dicha construcción es ficcional.

Cartas de amor

El libro Cartas de amor con la correspondencia de Pablo Neruda a Matilde Urrutia

Otro de nuestros poetas se encuentra presente con sus cartas. Seix Barral acaba de publicar Cartas de amor, que recoge correspondencia entre Pablo Neruda y Matilde Urrutia entre los años 1950 y 1973.

En las cartas hay datos cotidianos, recados, etc., y por supuesto, todo el ejercicio estilístico del autor, que expresa su pasión a través de palabras. En una carta fechada el 26 de octubre de 1951 escribe: “Adorada, no sabes qué furia tuve cuando el mismo día que llegamos te llamo y no contestas”. El 31 de octubre seguía diciendo: Solo anteayer te escribía con mis grandes decisiones, defenderemos nuestro amor toda la vida”.

Más allá del análisis estético, ¿será que nos interesan las cartas, memorias y diarios porque nos aproximamos a la intimidad de alguien conocido? ¿Qué significa traspasar ese límite? ¿De verdad lo estamos traspasando? No creo que haya una respuesta única. Por el contrario, la discusión implica que hay distintas visiones y posturas. Lo cierto es que ya sea que queremos seguir disfrutando de la escritura de un autor, si queremos saber más sobre él o ella y sus motivaciones, o simplemente estamos ejerciendo una postura voyeur, el interés por leer textos de la intimidad es un hecho.